Hace unas semanas E. se enfermó, lo atacó un virus común y al verle el cuerpo lleno de puntitos rojos nos fuimos a un hospital cercano que tiene Urgencias Pediátricas. Era tarde, E. no se sentía bien y buscó el pecho. Estaba tranquilo en el pecho cuando nos llamó la enfermera que vino a acompañarnos hasta el box de Urgencias. De aquí en adelante lo que fue una visita al hospital para que nos dijeran qué eran los puntitos rojos (que no eran nada) se convirtió en una experiencia tensa y desagradable, en la que mi familia y yo hemos tenido que justificar nuestras creecias ante la desinformación y prepotencia del personal sanitario. El diálogo con la enfermera se desarrolló así:
Llega la enfermera y al ver al niño en el pecho esboza una sonrisa. Rápidamente hace una pregunta: Enfermera: E ¿verdad?
Melba y J.: Sí
Enfermera: Es el primero ¿verdad?
Melba y J.: Si.
Enfermera: Se ve (J.y Melba se miran porque saben que a continuación vendrá un comentario en tono agradable pero desagradable sobre la lactancia de su hijo de 13 meses.)
Enfermera: ¿El niño ya come?
Melba: (Piensa que debe decir: sí, come de todo y muy bien pero le da no sabe qué mentir). No, come muy poco y casi todo es el pecho.
Enfermera: Yo, como profesional debo decirte que le tienes que quitar el pecho al niño lo antes posible porque le deformarás el paladar y en este momento necesita ya comer otras cosas.
Melba piensa que la paz del mundo en ese momento empieza por su teta, así que piensa callar porque no sería la primera vez que escucha algo así e invita a algún profesional a su casa para que el o ella misma se asegure de darle al niño la comida que “se supone” que el niño ingiera. Pero sabe que la enfermera está equivocada y no sólo eso, se sitúa como profesional (mientras ella es una simple madre) para decir algo que no es cierto, para lo que no tiene ninguna base científica y que no es fisiológicamente posible. Entonces es cuando J. entra en acción.
J: Hemos venido aquí para saber qué son los puntos rojos y no para que nos dé su opinión como profesional sobre cómo alimentamos a nuestro hijo.
Enfermera: Como profesional le doy mi opinión y qué debe hacer.
J: No nos interesa su opinión profesional sobre este tema…
Dar el pecho a nuestro hijo fue una decisión que J. y yo tomamos juntos. Sabíamos que era lo mejor para nuestro bebé y que yo necesitaría apoyo para lograr que fuera exitosa. Sin embargo, también nos dimos cuenta que, a medida que E. creciera, socialmente tendríamos que lidiar con momentos desagradables en los que se nos cuestionara nuestro proceder.
Es inaudito ir a una sala de urgencias y que se nos cuestione, amparándose en el concepto de lo “profesional”, sobre nuestra lactancia. Porque aquí no manda un conocimiento profesional sino un prejuicio social: ver a un niño “grandecito” agarrado a la teta de su madre. Aquí está la agresión en la anécdota y es que no se me ocurre otra palabra. Es una agresión hacia un acto natural, que beneficia la salud y crecimiento de nuestro hijo, sobre el cual nos hemos informado y leído extensamente. El problema ante todo es la posición desde la que se dice que “hay que quitarle el pecho”, la enfermera como profesional versus nosotros como padres. Es decir, para la enfermera nuestro aprendizaje, información y proceder como padres no nos autorizan lo suficiente; nosotros (mi hijo y yo) no tenemos autoridad para decidir hasta cuándo y cómo dejaremos el pecho. Sin embargo, ella como profesional que no tiene idea sobre la diferencia fisiológica que existe entre un chupete, un dedo, una tetina y un pezón, que se ve que tampoco sabe qué ocurre con el pezón dentro de la boca del bebé (hasta dónde llega en cada succión) nos da su opinión gratuita y errada. Lo triste de esto es que a otra madre o a otra familia con menos información le puede arruinar una lactancia exitosa y feliz
La paz del mundo en este tipo de situaciones empieza por mis tetas. Porque con el niño al pecho no me da la gana de sucumbir a comentarios o cuestionamientos sobre las decisiones que hemos tomado. Lo cierto es que la evidencia científica dice que la lactancia ayuda al desarrollo de la cavidad oral de los bebés, incluyendo una mejor evolución del paladar duro resultando así en el alineación correcta de los dientes y menos problemas de maloclusión. Así que la lactancia también ayuda a desarrollar y mantener la integridad fisiológica de la boca.
Moraleja: Donde haya unos padres bien informados que se quite todo aquel “profesional” que no tenga la evidencia para sostener sus opiniones.
http://www.brianpalmerdds.com/bfeed_oralcavity.htm
http://www.aeped.es/foros/dudas-sobre-lactancia-materna-padres/lactancia-prolongada-y-deformaci
